martes, 3 de diciembre de 2013


SOFÍA

Esta es la historia de una niña, una niña como cualquier otra, con sus esperanzas e ilusiones, con amigos verdaderos y con una familia que la quería mas que nada en este mundo, Lo tenía todo para ser feliz, menos unos riñones en buen estado.
A sus 6 años Sofía comenzó a enfermar de los riñones, teniéndola que conectar 3 días por semana a una máquina. Ya no podía correr por el parque, ni jugar en los columpios, pero mientras la conectaban a aquella máquina pasaba el tiempo imaginando las cosas que podría hacer cuando no estuviera presa en a aquel hospital.
Habían pasado ya 7 años, la imaginación comenzaba a no ser suficiente, y la esperanza cada vez era menor, por que increíblemente aún no habían encontrado a ningún donante compatible. Así que su hermano Alex el mismo día que cumplió la mayoría de edad se comprometió a donarle su riñón.

24 de Diciembre, un día antes de navidad. Cogidos de la mano como si eso pudiera ayudarlos, aferrarlos a la vida, los dos hermanos recorrían los pasillos del hospital tumbados en sus respectivas camillas. Así se mantuvieron hasta llegar a quirófano. Al tener que soltar la mano de su hermano a Sofía se le llenaron los ojos de lágrimas.
-Gracias Alex, era el mejor regalo que podían hacerme por navidad.
-Aún no es navidad princesa
-Os vamos a anestesiar ya - Se oyó a la anestesista.
-Hey Sofi, cuando salgamos de aquí nos vamos a ir tu y yo a ver el mundo
-¿En serio? ¿Me lo prometes?
-Te lo prometo
Dijo alex guiñándole un ojo y esbozando una preciosa sonrisa. Luego solo sintieron sueño, como sus parpados caían y oscuridad mientras caían en un profundo sueño...

La madre de los niños esperaba ansiosa, cuando vio al médico asomar por el pasillo.
-¿Como ha ido? - Preguntó levantándose del asiento.
-Bien, su hija está perfectamente... En cuanto a Alejandro... Hemos hecho todo lo que pudimos, lo siento de veras.
Llorando desconsolada se sentó en una esquina mientras su cuerpo temblaba frenéticamente.

Finalmente Sofía perdió un hermano, pero ganó una vida es verdad, no fue fácil, tubo que vencer sentimientos de culpa, tubo que depender de tratamientos post-transplante toda su vida, pero aún así decidió disfrutar de ella.
Cumplió la promesa que se habían hecho mutuamente de ver mundo, recuperó los años perdidos,vivió una vida por los dos, cumpliendo tanto sus sueños como los de Alex. En vez de poner flores en su tumba puso sonrisas y felicidad en su vida, eso es lo que hubiera querido su hermano, y eso hizo.


Fabiola Quintela.

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